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Sistema financiero ante el COVID-19

Perspectivas

Sistema financiero ante el COVID-19

¿Cuál ha sido el papel de Banxico?

Desde que fue declarada la emergencia sanitaria, y con el objetivo de contribuir al buen funcionamiento de las operaciones bancarias y a la sobrevivencia de miles de empresas, el Banco Central ha puesto en marcha diversos apoyos.

En entrevista con Gustavo Méndez, Socio Líder de la Industria de Servicios Financieros en Deloitte México.

Han pasado ya casi 95 años desde que, el 1 de septiembre de 1925, fue inaugurado el Banco de México (Banxico), y 88 años desde que, en 1932, se le otorgó a éste una atribución esencial para regular la economía y el sistema financiero de la nación: centralizar las reservas de la banca comercial, para, de esa manera, convertirse en algo así como un “banco de los bancos y prestamista de última instancia”1.

Desde entonces y hasta la fecha, esa facultad del Banco Central ha sido de gran importancia para atender múltiples afectaciones financieras por las que ha atravesado México, y, en estos momentos, las dificultades derivadas de la pandemia de COVID-19 no han sido la excepción.

Como ya todos sabemos, el cierre de negocios y el cese de actividades productivas impactaron tanto a las empresas como a sus empleados. Por esa razón, muchos de ellos se han visto en la necesidad de postergar el pago de sus deudas o de recurrir a créditos bancarios para saldarlas.

Pero, debido a que los bancos también han resentido los impactos de la  contingencia sanitaria, éstos han tenido que recibir, al mismo tiempo, apoyos que les den liquidez suficiente para mantener, con ello, sus operaciones, sin dejar de prestar servicio a sus clientes. Y es aquí donde cobra relevancia el papel de Banxico.

Entre finales de marzo e inicios de abril, en vista de la propagación del coronavirus y de sus efectos en la economía, el Banco de México comenzó a implementar varias iniciativas en apoyo no solo directo para las instituciones bancarias, sino, también, indirectamente, para todos los actores del ecosistema financiero. Entre esas medidas se encuentran:

  • Reducción del depósito de regulación monetaria, de 320 mil millones de pesos a 270 mil millones. Se trata del conjunto de depósitos que los bancos deben tener en Banxico, y que, al ser reducido en 50 mil millones, les da espacio a los intermediarios de poder contar con 50 mil millones más de liquidez y realizar más préstamos a sus clientes.
  • Líneas swap para coberturas de tipo de cambio. Son acuerdos entre dos bancos centrales para intercambiar sus monedas respectivas (en este caso, con el Sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos), a fin de impedir que las tensiones de los mercados afecten la economía real2.

    Estos mecanismos permiten a un banco central -y con él a todo el mercado- obtener liquidez. Y esa liquidez, a su vez, contribuye a equilibrar el tipo de cambio (en un principio, por ejemplo, el dólar subió hasta los 26 pesos mexicanos, pero, una vez implementadas las líneas swap, la moneda se ha mantenido entre los 23 y los 24 pesos).

  • Compra e intercambio de bonos del gobierno de largo plazo por bonos de menor plazo. Los bonos son un tipo de deuda que funciona a manera de pagaré, es decir, como una promesa de que el emisor de la deuda pagará al tenedor del bono. En el caso de México, tener bonos de plazo corto también ayuda a los bancos a que, en menos tiempo, tengan mayores recursos, y por tanto, mayor liquidez en su balanza.
  • Disminución activa de la tasa de interés. Primero, el 26 de marzo, el Banco Central bajó de 7% a 6.5% la tasa referencial. Luego, el 21 de abril, la colocó en 6%, con la finalidad de fortalecer los otorgamientos de crédito, proveer liquidez al sistema financiero e incentivar el consumo. Finalmente, el 14 de mayo, el indicador quedó en un nivel de 5.5%.
  • Inyección de 750 mil millones de pesos en el mercado. El objetivo de este programa es que, parte de ese dinero, equivalente a 3.3% del PIB, sirva de fondeo a los bancos para poder prestar a pequeñas y medianas empresas (Pymes), lo cual también dota de mayor margen a los bancos para que puedan hacer más préstamos.

    Sin embargo, el otorgamiento de créditos dependerá de cómo el banco evalúe a sus acreditados; es decir, aunque Banxico facilita la liquidez para que el banco pueda prestar, determinar el riesgo de crédito seguirá siendo un tema que las instituciones bancarias deberán analizar.

Brindar todos estos apoyos a los bancos redunda, a final de cuentas, en que más empresas (sin importar su tamaño), como proveedoras de empleos e impulsoras de la economía, logren sobrevivir a este periodo de crisis y que, una vez superada la emergencia sanitaria, puedan realizar el pago de sus créditos, continuar con sus operaciones, generar empleo, utilidades e ingresos para el gobierno, por medio de impuestos.

[1] Historia del Banco de México (www.banxico.org.mx).
[2] Banco Central Europeo (www.ecb.europa.eu).

Los bancos también han resentido los impactos de la contingencia sanitaria; éstos han tenido que recibir apoyos que les den liquidez suficiente para mantener sus operaciones sin dejar de prestar servicio a sus clientes.

Los retos para el sistema financiero

Hasta el momento, uno de los beneficios que ha puesto en marcha el sector financiero para ‘aliviar’ la situación de sus clientes es la suspensión o aplazamiento de pagos de créditos o préstamos, por un periodo de entre cuatro y seis meses.

Aun con este apoyo, las instituciones bancarias deben estar conscientes de que uno de los escenarios a los que probablemente tendrán que enfrentarse es que, para el último trimestre del año, algunas empresas o clientes no puedan sostener su situación financiera y, por tanto, incumplan con sus obligaciones, lo que podría detonar una cartera vencida importante, poner en riesgo al sistema financiero y agravar la crisis.

Por lo anterior, un desafío importante para los bancos será conservar la liquidez, sin dejar de prepararse para enfrentar un posible escenario de cartera vencida e insuficiencia de capital, situación que, de presentarse, le impediría seguir prestando dinero a sus clientes y el daño colateral causado a la economía sería más grande.

Otros de los grandes retos que se presentan para el sistema financiero mexicano durante este periodo serán: mantener la operación de sucursales y cajeros automáticos, así como acelerar la digitalización para hacer llegar los servicios más rápido a los clientes, de manera eficiente. De conseguirlo, se abrirán valiosas oportunidades en el futuro.

También resultará importante impulsar las medidas de protección contra los ataques cibernéticos, los cuales, durante la contingencia, han aumento (los hackers no necesariamente atacan al banco, pero sí a sus clientes, y, en ese sentido, lo más recomendable será que las instituciones brinden a los usuarios la información que les permita evitar ser víctimas de estos delitos).

Pero, además de los desafíos internos, no se deben perder de vista los factores externos, es decir, el comportamiento que tenga la economía mundial y, sobre todo, la de los Estados Unidos. Lo más probable es que si la economía del país vecino se recupera pronto, la nuestra también lo haga; pero, si el daño es exponencial, puede ser, para nosotros, muy complicado salir de esa situación.

El futuro del sistema financiero mexicano dependerá de varios factores; no obstante, será fundamental, a fin de hacer frente y salir avante de los retos que plantean la actual emergencia sanitaria y la etapa posterior a ésta, contar con una institución sólida que lo respalde, como lo ha sido Banxico desde hace ya muchos años.

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